La realidad aumentada constituye un nuevo paradigma en
la experiencia de usuario y la apertura de un nuevo mercado aún no explotado
basado en una nueva sociedad hiperconectada.
La realidad aumentada minimiza la distancia entre
pensamiento y acción y optimiza el resultado de nuestras decisiones, ya
que nos aporta una información relevante en el momento oportuno, ahorrándonos
tiempo y errores. Esta tecnología comienza a hacerse un hueco en la industria a
causa de los múltiples beneficios que supone. La realidad aumentada no sólo
crea mejores y más sofisticadas experiencias para el usuario, si no que le
aporta soluciones e infinitas posibilidades. Desde información al instante para
realizar una compra, hasta asistentes virtuales para probar productos (ropa,
gafas, bisutería, etc.) pasando por una gama de aplicaciones que aportan al
usuario una experiencia sorprendente que se traduce en ventas o en información
relevante para las empresas.
El término fue acuñado por el investigador Tom Caudell en
los años 90 para definir una tecnología que combinando lo real con lo virtual
proporciona al usuario una mayor comprensión del mundo. Su
estructura es simple, un conjunto de dispositivos que añaden información
virtual a la información física ya existente. A través de nuestro smartphone la
realidad aumentada nos muestra datos útiles para ese momento y lugar. El
usuario desde su ubicación puede conocer todo lo que le rodea, como la
distancia de la cafetería más cercana, la altura de un edificio, nombre del
arquitecto, etc. La realidad aumentada difumina la frontera entre el mundo real
y virtual descubriendo una nueva dimensión en la forma en que interactuamos con
el entorno. Se diferencia de la virtual en que no sustituye a la realidad
física, si no que la mezcla con los datos informáticos del mundo real.
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